Psicología

Cómo ganar seguridad en sí mismo

Aprender a tomar decisiones realistas y ser consciente de que cada elección comporta una renuncia. Nadie puede tenerlo todo, ni ser aceptado por todos, ni querido exactamente como desearía.

Algunas personas intentan hacer frente a la inseguridad tratando de controlar de forma rígida todo cuanto ocurre a su alrededor. Sin embargo, ese no es el camino.

La persona insegura tiende a enfrentarse a las decisiones con un gran miedo al fracaso y las vive como si lo apostara a todo o nada. Conviene recordar que no se puede ganar confianza en uno mismo sin arriesgarse: es necesario actuar. No existe otra forma de ganar seguridad que aceptar los desafíos y ponerse a prueba.

Una estrategia para combatir la duda crónica es enfocar las decisiones con mentalidad “científica”: definir bien la situación o problema, valorar las diferentes opciones –incluyendo lo que se siente ante cada una de ellas–, y decidir teniendo en cuenta que la perfección no existe. Superar el sentido de omnipotencia o de culpa -fruto de la inseguridad- es esencial para disfrutar de lo que se tiene. Para ello, se pueden probar algunas tácticas.

Observar cómo todo en la naturaleza es finito: el día, la noche, las estaciones, las tormentas, la vida…

Aprender a fijarse en lo que se tiene más que en lo que falta, pero sin perder de vista los objetivos.

Reflexionar sobre quién o qué somos más allá de la profesión, los papeles que podamos ejercer en nuestra familia o a nivel social o nuestros bienes materiales.

Escuchar a quien ha tenido pérdidas importantes, humanas o materiales. Su experiencia ayuda a relativizar el valor de las cosas.

Hacer una lista de las propias capacidades y otra de las limitaciones. Conocer el potencial de superación personal no está reñido con tener una visión realista de uno mismo: nadie debe sentirse menos pero tampoco dejarse llevar por un sentimiento de grandiosidad.

Ante cualquier decisión, tener en cuenta lo que se siente y preguntarse si esa opción puede aumentar la felicidad o no.

Aceptar el error como algo tan inevitable como valioso; sin error no hay aprendizaje. No compararse con los demás, porque hacerlo lleva a sentirse “perdedor” tarde o temprano.

Fuente: https://mia.perfil.com/

Sobre el autor

Cecilia Acevedo

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