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El arte de no saber qué querés (todavía)

Vivimos en una época que ama las certezas. Los planes, los objetivos, las metas, los propósitos escritos en una hoja blanca cada enero. Parece que si no sabés exactamente hacia dónde vas, entonces estás perdida. Como si la duda fuera un defecto. Como si no tener todo claro fuera un error.

Pero hay una verdad que pocas veces se dice:
no saber qué querés también es parte del camino.

Y no, no te hace débil, desorganizada ni menos capaz. Te hace humana.

La presión de tener todo resuelto

Desde chicas nos enseñaron a planificar la vida como si fuera una línea recta: estudiar, trabajar, crecer, lograr, formar, construir. Y aunque cada mujer vive su propio proceso, el mensaje es siempre el mismo: tenés que saber qué querés y tenés que saberlo ya.

Entonces llegan las comparaciones:

  • “Ella ya sabe lo que quiere.”
  • “Ella ya armó su vida.”
  • “Ella ya está donde quiere estar.”

Y vos mirándote desde adentro, sintiendo que algo no termina de acomodarse. Que estás en un punto intermedio. Que querés cambiar, pero no sabés hacia dónde. Que sentís que algo se terminó, pero todavía no nació lo nuevo.

Ese espacio incierto también es parte de crecer.

Estar en pausa no es estar estancada

Hay momentos en la vida donde no se trata de avanzar, sino de entender. De escuchar. De ordenar lo que se siente. De revisar lo vivido. De soltar versiones viejas de una misma que ya no encajan.

No saber qué querés no significa que no estés haciendo nada. Significa que estás procesando.

Y los procesos no siempre son visibles. No siempre son productivos. No siempre son estéticos para mostrar en redes. Pero son profundamente necesarios.

La incertidumbre también es una forma de valentía

Animarse a decir “no sé” en un mundo que exige respuestas rápidas es un acto de honestidad. Reconocer que estás buscando, que estás probando, que estás aprendiendo de vos misma.

A veces no sabés qué querés porque ya no querés lo que querías antes.
Y eso también es crecer.

Cambiar de idea no es fracasar.
Redefinir sueños no es rendirse.
Dudar no es retroceder.

El arte de escucharte sin apurarte

Tal vez este momento no sea para decidir, sino para sentir. Para conectar con lo que te mueve, lo que te incomoda, lo que te entusiasma aunque todavía no tenga forma.

Preguntarte:

  • ¿Qué ya no quiero?
  • ¿Qué me pesa?
  • ¿Qué me enciende?
  • ¿Qué necesito hoy?

No siempre las respuestas llegan en palabras. A veces llegan en cansancio. En ganas de cambio. En necesidad de silencio. En deseo de algo distinto.

Estás a tiempo, aunque no sepas para qué

No existe una edad correcta para tener todo claro. No existe un calendario universal del éxito. No existe una vida que deba vivirse de una sola manera.

Estás a tiempo de equivocarte.
Estás a tiempo de empezar de nuevo.
Estás a tiempo de cambiar.
Estás a tiempo de descubrirte.

Y también estás a tiempo de no saber.

Porque a veces, antes de saber qué querés, necesitás aprender quién sos ahora.

Y ese también es un arte.