El verano llega con sol, calor, piel al descubierto… y también con una presión silenciosa que muchas mujeres conocemos demasiado bien. Aparecen las comparaciones, los cuerpos “perfectos” en redes sociales, los comentarios disfrazados de chiste y esa voz interna que, sin pedir permiso, empieza a exigir cambios urgentes. Como si enero fuera una auditoría corporal. Como si el disfrute dependiera de cumplir con un ideal imposible.
Pero este verano puede ser distinto. No porque tu cuerpo cambie, sino porque tu mirada sobre él puede transformarse.
La presión estética no se va de vacaciones
Aunque intentemos ignorarla, la presión estética sigue ahí. En publicidades, en Instagram, en TikTok, en cada scroll infinito lleno de filtros, poses estudiadas y cuerpos editados que se presentan como “naturales”. Y aunque sepamos que no son reales, el impacto emocional existe.
El problema no es solo lo que vemos, sino lo que internalizamos. Esa idea de que hay cuerpos válidos para el verano y otros que deberían esconderse. Que hay talles, edades y formas que “quedan mejor” en bikini. Que el cuerpo es un proyecto eterno a corregir.
Y no: el cuerpo no es un error que se soluciona.
Tu cuerpo es el que te llevó hasta acá. El que soportó cansancio, cambios, duelos, alegrías, estrés y procesos. El que respira cuando te olvidás de hacerlo. El que se adapta, resiste y sigue.
Hablar de cuerpo real no es romantizarlo todo ni negar que a veces cuesta mirarse con amor. Es reconocer que el cuerpo no necesita filtros para ser válido, ni permisos para ocupar espacio, ni temporadas para ser aceptado.
Tu cuerpo no es solo una imagen: es experiencia, historia, vida.
Redes sociales: consumir con conciencia también es autocuidado
No se trata de dejar las redes, sino de aprender a habitarlas de otra manera. Preguntarte qué contenidos seguís, qué emociones te generan y qué discursos reforzás sin darte cuenta.
Tal vez sea momento de:
- Dejar de seguir cuentas que te hacen sentir insuficiente.
- Sumar voces reales, diversas, honestas.
- Recordar que lo que ves es un recorte, no la totalidad.
- Entender que incluso lo “natural” muchas veces está editado.
Cuidar lo que consumís también es una forma de cuidarte.
Autocuidado real: mucho más que estética
El autocuidado no es castigarte para encajar. No es exigirte dietas extremas, rutinas imposibles ni metas irreales. El autocuidado real no duele, no humilla y no te habla mal.
Autocuidarte puede ser:
- Usar ropa que no te apriete el alma.
- Elegir comodidad sin culpa.
- Comer sin castigarte.
- Descansar sin justificarte.
- Ir a la playa, a la pileta o quedarte en casa porque vos querés, no porque “deberías”.
Reconciliarte con tu cuerpo también es dejar de tratarlo como un enemigo.
Reconciliarte con vos no es lineal (y está bien)
Habrá días de aceptación y otros de incomodidad. Días en los que te mires con ternura y otros en los que te cueste. Ninguno invalida el proceso. La reconciliación no es perfección, es paciencia.
Elegir hablarte mejor. Elegir no compararte. Elegir disfrutar el verano desde el presente y no desde la falta.
Porque el verano no es una prueba.
Tu cuerpo no es un problema.
Y vos no llegaste tarde a nada.
Este enero, tal vez no se trate de cambiar tu cuerpo, sino de volver a habitarlo con respeto.








Add Comment