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Silencios que sanan: aprender a estar sola sin sentir vacío

Vivimos rodeadas de ruido. Mensajes, notificaciones, agendas llenas, planes, voces que opinan, expectativas ajenas que pesan. A veces, sin darnos cuenta, también nos llenamos de personas para no escucharnos. Para no enfrentarnos al silencio. Para no quedarnos a solas con lo que sentimos.

Y sin embargo, hay silencios que no duelen.
Hay silencios que sostienen.
Hay silencios que sanan.

Aprender a estar sola no es aislarse. Es elegirse.

La soledad que asusta y la soledad que abraza

Durante mucho tiempo nos enseñaron que estar solas es sinónimo de fracaso. Que una mujer sola está incompleta, esperando, a mitad de camino. Como si la presencia de otros definiera nuestro valor.

Pero existe otra soledad. La que no pesa. La que no vacía. La que acompaña.

La soledad elegida es un espacio íntimo donde no hay que rendir cuentas, donde no hay que explicarse, donde no hay que sostener conversaciones que no queremos tener. Es un tiempo propio. Un refugio.

El miedo al silencio

A muchas nos incomoda el silencio porque en él aparecen preguntas que evitamos:

  • ¿Estoy donde quiero estar?
  • ¿Qué necesito cambiar?
  • ¿Qué me duele todavía?
  • ¿Qué deseo de verdad?

El ruido tapa, distrae, anestesia. El silencio, en cambio, muestra. Y mostrar duele a veces. Pero también libera.

Estar sola no es estar vacía

Estar sola puede ser:

  • Caminar sin auriculares.
  • Tomar un café sin mirar el celular.
  • Quedarte en casa un sábado sin sentir culpa.
  • Escribir sin saber para quién.
  • Escucharte sin interrumpirte.

No es ausencia. Es presencia con vos.

Y cuando aprendés a estar con vos sin miedo, también aprendés a elegir mejor con quién compartirte.

La pausa como forma de autocuidado

En un mundo que exige estar siempre disponibles, la pausa se vuelve un acto de rebeldía. Frenar, bajar el ritmo, apagar el ruido. Volver al cuerpo. Volver a la respiración. Volver a casa.

No todo se resuelve corriendo.
No todo se entiende hablando.
Algunas cosas se acomodan en silencio.

Reconciliarte con tu propia compañía

Tal vez no se trate de llenar vacíos, sino de entenderlos. De escucharlos. De habitarlos sin apuro.

Cuando aprendés a estar sola sin sentir vacío, descubrís algo poderoso:
que no te faltás.
que no estás incompleta.
que sos suficiente.

Y desde ahí, todo lo demás es elección.