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Personal coaching

Quiénes son los “personal trainers” de la mente que ayudan a resolver los conflictos de la vida cotidiana

Abatidos y a punto de separarse; cansados de no poder encarrilar la relación con sus hijos; enojados y desmotivados en sus trabajos. Quieren un cambio en algún aspecto de sus vidas y no saben cómo hacerlo. Se sienten encerrados en un espacio mental sin salida y no pueden darse cuenta de qué pasos dar para lograr lo que desean.

No sólo las empresas buscan los servicios del coaching, la disciplina que seduce y no para de generar interés en el mundo. También lo hacen personas comunes y corrientes de todas las edades, que buscan respuestas efectivas y más rápidas que las terapias con psicólogos.

En inglés, coach significa entrenador, y al igual que el entrenador deportivo, el coaching busca mejorar o desarrollar una habilidad determinada y se los puede encontrar en ámbitos bien diversos. El enfoque más extendido en Argentina y América Latina es el coaching ontológico que apunta al desarrollo de las relaciones humanas. En los últimos años creció en forma expansiva y surgieron especializaciones como el life coaching -el coaching de vida-, el coaching ejecutivo, organizacional, vocacional y de liderazgo y trabajo en equipo, entre otras.

“El coach ontológico es un destrabador”, suele explicar con palabras simples el experto chileno Rafael Echeverría, uno de los impulsores de este método en el mundo. Según él, el objetivo es que la persona se conecte con su ser más profundo y produzca un cambio de perspectiva. En junio pasado, en una entrevista, anticipó que “el coaching será una de las profesiones más requeridas en el futuro”.

El experto chileno Rafael Echeverría afirma que el coaching será una de las profesiones más requeridas a futuro

El crecimiento en la Argentina

En la Argentina, el desarrollo de esta profesión comenzó hace unos 20 años aproximadamente. La Asociación Argentina de Coaching Ontológico Profesional (AACOP) tiene actualmente cerca de 2.000 asociados. “Tanto los programas de formación, que no tienen menos de dos años de duración, como sus resultados han mejorado mucho”, apuntó Martín Cainzos, presidente de la AACOP.

El especialista brindó datos que muestran ese crecimiento: en 2010, en la Argentina había 7 escuelas con programas avalados y se recibían unos 200 profesionales por año; en 2014 se graduaron 700 en 22 escuelas y este año ya se contabilizan 41 escuelas y 1.200 egresados. Las escuelas están avaladas por la AACOP y algunas de ellas por la Federación Internacional de Coach (ICF, por sus siglas en inglés) y la Comunidad Internacional de Coaching (ICC, por sus siglas en inglés).

“Ver donde no se ve”

El coaching es una buena linterna que permite ver donde no se ve“, describió Cainzos. “El coachee o consultante -así se denomina a quien recibe el coaching- es el que define qué es lo adecuado o no para él; es quien diseña su forma de ser y sus acciones para el futuro. El coach no dice lo que hay que hacer. Es más: no sabe lo que hay que hacer. Lo que sí sabe es cómo mantener con el coachee una conversación para explorar y delinear nuevas posibilidades de relación. El resultado es una creación del coachee“.

 “Por esta gimnasia que genera la indagación, decimos que el coach es una suerte de entrenador de la mente, así como el personal trainer entrena el cuerpo”

Y siguió: “La primera señal para decidir empezar un proceso de coaching es no poder resolver algo solo. Cuando algo preocupa, se repite en el tiempo y causa enojo, resignación o angustia, el coaching puede ayudar a alcanzar esos objetivos que parecen imposibles”.

En el universo del coaching no hay sesiones. Son conversaciones de 60 o 90 minutos, cada 7 o 15 días, en las cuales la persona explica qué está buscando. En el coaching ontológico, el lenguaje es una herramienta muy poderosa. Es habitual que las primeras frases de los coachees sean del estilo “esto es imposible”, “con mi marido no se puede hablar”, “mi jefe no me valora”, “nunca terminé nada de lo que empecé”, “siendo como soy eso no va a funcionar” o “qué querés que haga”.

“En los distintos aspectos de la vida cotidiana, los conflictos más habituales son por problemas en la comunicación, en la relación consigo mismo o con los demás, pérdida de sentido o motivación, dificultades para visualizar posibilidades a futuro, falta de competencias para gestionar productivamente las emociones, incapacidad para el logro de resultados, creencias limitantes, pérdida de confianza y autoestima”, enumeró para nosotros, Daniel Rosales, titular de la Fundación Escuela Latinoamericana de Coaching (ELAC) y presidente de la Federación Internacional de Coaching Ontológico Profesional (FICOP).

“No son problemas, son quiebres”

La herramienta más frecuente del coaching es utilizar preguntas que “movilicen” al coachee para que se vea a sí mismo y a sus problemas desde una perspectiva nueva (Getty)

Mónica Fronti, directora de la Escuela Moviendo Futuro Coaching Ontológico, también hizo hincapié en el lenguaje utilizado: “No hablamos de problemas, que tiene una connotación negativa, hablamos de quiebre en referencia a la rotura de una zona automática y rutinaria que necesita ser indagada. Tampoco decimos resolver, sino disolver. Y priorizamos el verbo escuchar en vez de oír, porque escuchar es oír más interpretar más percibir“.

Las cargas emocionales de los consultantes son otro de los aspectos fundamentales que el coach interpreta. “Es importante –puntualizó Fronti– observar la emoción y la energía con que se cuenta un hecho durante la conversación: dispara preocupación, resignación, enojo o angustia; empiezan a pasar cosas por el cuerpo, a latir más fuerte el corazón o de golpe se cierran los puños. Es necesario liberar esas emociones para evitar que el cuerpo se enferme. La gente busca una mejor calidad de vida y auto conocerse a través del aprendizaje vivencial. En la mirada de Echeverría, que habla de crisis de sentido, descubrir quién soy yo”.

Preguntas efectivas que “movilizan”

Alguien cuenta que después de veinte años de matrimonio no puede ponerse de acuerdo con su esposa en cuestiones de convivencia. Otro dice que hace mucho quiere aprender inglés y no lo hace porque siente que ya está grande para estudiar y que no es bueno para los idiomas. Está también la joven soltera e independiente que duda entre renunciar a su trabajo rutinario pero estable o empezar a dedicarse a lo que estudió con pasión, el diseño gráfico.

A veces, coinciden los expertos consultados , el objetivo no es patear el tablero y dar un salto al vacío, sino descubrir otros espacios, salir de la zona de confort, hablar de lo que se desea, destrabar la cuestión. Y explicaron que la idea del coaching es desafiar prejuicios y creencias, y preguntarse para qué sirven.

 “No hablamos de problemas, que tiene una connotación negativa, hablamos de quiebre en referencia a la rotura de una zona automática y rutinaria que necesita ser indagada”

La herramienta más frecuente del coaching es utilizar preguntas que “movilicen” al coachee para que se vea a sí mismo y a sus problemas desde una perspectiva nueva. “El coach es un facilitador de procesos de transformación del ser, apunta al inmenso potencial que tienen las personas y para eso nuestra herramienta es la indagación”, apuntó Fronti.

“El coach no aconseja ni diagnostica”

“Nuestra base es la indagación”, dijo Teresa Genesin, directora del Centro de Coaching y Liderazgo y profesora de la Universidad de Belgrano (UB) y de la Universidad de Buenos Aires (UBA) . “Con preguntas efectivas que no juzgan y una escucha cien por ciento concentrada en las respuestas, en pocas conversaciones o encuentros, se alcanza que las personas lleguen a niveles de reflexión muy profundos. En ese sentido, las respuestas tienen mucho más valor para ellas porque las encontraron por sí mismas, dentro de sí”.

“Por esta gimnasia que genera la indagación, decimos que el coach es una suerte de entrenador de la mente, así como el personal trainer entrena el cuerpo”, afirmó Genesin. Y aclaró: “El coach no es el que dirige el pensamiento del coachee o el que lo conduce: es un entrenador que hace gimnasia mental, pero a partir de preguntas movilizadoras. No se ejerce una influencia hacia el coachee, sino que se facilitan los propios procesos del pensamiento. El coach no aconseja, ni juzga, ni diagnostica”.

El enfoque más extendido en Argentina y América Latina es el coaching ontológico que apunta al desarrollo de las relaciones humanas (Getty)

“La diferencia con otros tipos de herramientas psicoterapéuticas –remarcó Genesin– es que el coaching no va al pasado para resolver cuestiones del pasado, sino que busca reinterpretar cuestiones del pasado para seguir adelante, es decir que el logro de objetivos a futuro es muy importante. Por eso siempre decimos que, si las consultas son para repensar el futuro sí, pero si son para explorar traumas del pasado ahí está nuestro límite. En esos casos sugerimos algún tipo de psicoterapia”.

La opinión de los psicólogos

También buscamos conocer la visión del psicoanálisis sobre el coaching ontológico. “Considero que ayuda a poner en marcha mecanismos lingüísticos que permitan expresar emociones. En una sociedad de seres humanos cada vez con menos recursos naturales de coaching –que antes solían encontrarse en las familias extendidas, en los consejos de tías, abuelas, primas– considero que esta técnica viene a suplir un poco todo eso”, opinó Harry Campos Cervera, psicoanalista, médico psiquiatra y miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA).

Y explicó que, en la actualidad, “las personas se mueven más en campos virtuales, en las redes sociales, espacios que no plantean el desafío emocional cara a cara. Es como el decorador que ayuda a poner más linda la casa, pero si esa propiedad tiene problemas estructurales, como rajaduras o filtraciones, colocar un sillón acá o un cuadro allá no van a resolver el problema. Sólo la terapia analítica puede tratar los aspectos más profundos de las personas”.

Por su parte, Andrés Rascovsky, psicoanalista y ex presidente de APA, afirmó que “con nombres sugestivos, más ligados al marketing, irrumpen este tipo de técnicas que sin dudas pueden intentar ayudar en conflictos cotidianos. Pero –advirtió– es muy importante que quien aplique esa técnica conductista tome distancia de sus propias opiniones y prejuicios, algo que se logra con muchos años de análisis y formación. Cuesta mucho ser un terapeuta objetivo y neutral.

En tanto, el psicoanalista Enrique Novelli, y también miembro titular de la APA, consideró positiva “toda relación con personas que, más allá de las técnicas, ayuden a reflexionar para saber por qué se hace o no se hace determinada cuestión”. Sin embargo, aclaró que eso “es solo un trabajo que opera en la superficie. Cuando los síntomas vuelven a aparecer, significa que perduran las mismas condiciones que los habían originado y es ahí donde apuntan las psicoterapias”.

¿Por qué en tiempos de crisis crecen las consultas?, preguntamos. “Es que las personas buscan respuestas que le permitan superar esas situaciones o adaptarse a las nuevas situaciones. En momentos de innovación tecnológica, cambios laborales y alta incertidumbre –como lo definen los llamados mundos VICA: volátiles, inciertos, complejos y ambiguos– la ansiedad por encontrar las acciones correctas es continua y creciente”, respondió Rosales. “Por eso, el coaching entrena a las personas para que se habitúen a hacerse las preguntas poderosas que permitan responder a los desafíos que enfrentamos en forma reiterada”.

 

 

 

Fuente: Graciela Gioberchio para Infobae

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Ileana Gionco

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