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La revolución del papel de usar y plantar

En su poema El placer de servir, decía la chilena Gabriela Mistral: “Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú”.

Parece que el ser humano se ha dedicado a lo contrario: “Cada dos segundos se tala una superficie de bosque tan grande como un campo de fútbol, lo que equivale anualmente a una superficie tan grande como Portugal”.

En un parpadeo, un bosque menos.

El dato sobre la catastrófica cantidad de bosques talados por segundo nos lo cuenta Gala Freixá que, con menos de 22 años y mucha pasión por la naturaleza, un día pensó: “¿Y por qué no puedo hacer yo algo para cambiarlo?”.

Una idea muy loca 100% ecológica

“Yo siempre quería emprender con algo relacionado con la naturaleza porque  es algo que me mueve”, cuenta Gala, que antes de empezar la universidad ya sabía que quería hacer de su futuro laboral algo distinto. Sabía también (y tan pronto) que necesitaría encontrar algo que le removiera hasta las entrañas. Hoy, apenas cinco años después, dirige junto a otros tres jóvenes Sheedo, una start-up 100% ecológica con una idea “muy loca”: producir papel artesanal a partir de fibras de algodón reutilizadas de la industria textil que contiene semillas en su interior. Papel sin árboles talados detrás ni productos químicos contaminantes; y las semillas, locales y sin transgénicos.

Después de más de 2.000 años desde la invención del papel y más de 500 tipos, formas y texturas, por fin un papel capaz de volver a ser plantado.

La idea no surgió en seguida, pero llegó pronto. Gala conoció al resto del joven equipo fundador (Gonzalo Mestre, Carlos de Sandoval, Francisco Solano y Gloria Gubianas) en un grado de emprendimiento con filosofía de aprender haciendo. En el grupo de trabajo que formaron para crear un producto querían alejarse de las ideas mayoritariamente tecnológicas, tan asociadas a la innovación, para centrarse en algo más cercano, tangible y social. La idea inicial fueron unas alpargatas artesanales pero, al comenzar a investigar, como suele ocurrir, se abrió un nuevo camino.

La dificultad de ser joven y que te tomen en serio

Y con las raíces, los obstáculos. Para Gala, como para tantos jóvenes con los que he hablado en los últimos años, el mayor obstáculo ha sido una cierta incomprensión hacia su juventud. “No conseguíamos encontrar a proveedores que creyeran en nuestra idea; éramos unos niños de 19 y 20 años con una idea muy loca”. Sigue ocurriendo que los jóvenes se encuentran a menudo con la enorme barrera de la falta de credibilidad, de no ser tomados en serio, de pensar que su escasa experiencia no les legitima para dirigir (o para casi nada). De ahí que el perfil del emprendedor en España s¡ga estando mas cerca de los 40 que de los 20.

Pero los proveedores llegaron y poco después llegó también el lugar donde crear artesanalmente el papel: el Molí de la Farga de Banyoles, donde Jordi y Toni llevan décadas creando el papel con sus manos. “Nosotros éramos unos niños de 18 años sin experiencia. No teníamos ni idea de papel, de impresión, de semillas… La única forma de funcionar es rodearse de expertos”. Quizás les faltase experiencia pero les sobraba inteligencia y pragmatismo.

Cambiar la mentalidad de las empresas y de las personas

El papel Sheedo está orientado fundamentalmente a empresas, para presentar sus materiales de comunicación y marketing de una manera distinta que, además, va pasando de mano en mano un mensaje: todos podemos devolver algo bueno a la naturaleza. Todos podemos sembrar cambio. “Sheedo es una forma de poner a las personas en contacto con la naturaleza, a mi me ha ayudado a reconectar con mis raíces en el campo”, explica Gala. Por llegar, este papel que echa raíces ha llegado hasta China y les ha regalado unos cuantos premios.

Dentro de su marca, también han creado otros productos como tarjetas de bodas, de cumpleaños, artículos de papelería o kits de plantación. La idea es, precisamente, resaltar que los mensajes importantes merecen el soporte más cuidado, el papel más delicado pero que, para todo lo demás, podemos buscar alternativas que no impliquen malgastar, contaminar, talar árboles. Porque, ¿de verdad necesitamos tanto papel?

Pero más que una alternativa a la industria papelera, Sheedo es una invitación a pensar en los pequeños gestos que podrían mejorar el entorno en el que vivimos. Mientras escucho a Gala pienso en la cantidad de gestos que puedo elegir a diario para cambiar un modelo que ha demostrado ir en contra del medio ambiente. Coger el transporte público en lugar del coche; pedir productos locales y de temporada en la frutería en lugar de consumir fruta del otro lado del mundo; pensar que cada envase de plástico que abro es plástico que acabará en el mar…Entender que yo soy generadora de la verdadera revolución que quiero ver en el mundo y, que si no empiezo por mis elecciones diarias, nada va a cambiar. “El impacto real de Sheedo se centra en concienciar, en activar que las personas planten esa semilla del cambio”, añade Gala.

La gran revolución de los pequeños gestos

Porque, pienso de nuevo: si la gran revolución no llega nunca, ¿no será que igual la verdadera revolución está en nuestros pequeños (y grandes) gestos cotidianos? Crear en lugar de destruir, cuidar en lugar de hacer daño, actuar en lugar de sentir que ya nada puede cambiar.

“La naturaleza no entiende del consumismo, del aquí y del ahora que vivimos en la gran ciudad. La naturaleza te enseña a tener paciencia y a respetar”, explica Gala. Las semillas (las tienen de manzanilla y de tomate) que surgen del papel no empiezan a convertirse en planta inmediatamente, claro. Hay que echarles agua, colocar algo de tierra, volver a regar, cuidar, esperar, cuidar, regar, cuidar. De eso se trata también el cambio, la revolución, de aprender a cuidar.

Imagina que tienes ahora mismo en tus manos un trozo de este papel Sheedo con semillas de tomate dentro. Escribes un mensaje, un deseo o algún verso suelto. Si le echas agua encima, en pocos días, entre esas palabras estarán germinando unos tímidos brotes verdes que, si van a la tierra, en unos meses podrán hacer crecer algunos tomates. Me cuesta imaginar un gesto más revolucionario que hacer brotar deseos de la tierra. ¿Y si lo intentamos?

Fuente: www.elpaís.com

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Ileana Gionco

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