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Home office: ¿el nuevo lugar de trabajo para las madres que quieren quedarse en casa con sus hijos?

Suele idealizarse la posibilidad de seguir la rutina de trabajo en casa y combinarlo con el cuidado de los hijos, pero ¿es posible? Consejos para tener en cuenta, voces a favor y en contra para que puedas analizar la propuesta y decidirte.

El equilibrio entre el trabajo y la familia es todavía hoy motivo de debate y discusión. Para 8 de cada 10 ejecutivos, convertirse en madre sigue siendo un escollo en la carrera laboral.

Según el reciente estudio de Spring Professional (división de Grupo Adecco), el 84 por ciento de los encuestados consideró que la maternidad es vista como un obstáculo en el desarrollo profesional.

Esta cultura corporativa es la que muchas veces falla a la hora de abrazar la diversidad y provoca que la ambición laboral natural en las mujeres se vea disminuida: aún al día de hoy, existen preconceptos como que siempre priorizamos la familia por sobre el trabajo, que si tenemos hijos no tendremos la disponibilidad que requiere un puesto de alta jerarquía, que si es contratada una postulante que es madre será menos efectiva que un padre o un varón sin hijos.

Triste, pero real. Como es real que las mujeres somos quienes más nos abocamos al cuidado de la familia; datos del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) lo confirman: “Casi el doble de mujeres que de varones cuidan a familiares (hijos, ancianos, enfermos, etc.) y ellas dedican dos horas más por día que ellos a esta tarea (seis horas contra cuatro de los hombres)”, se lee en el último informe de la entidad, lo que alimenta la creencia de que las mujeres en vez de trabajadoras somos cuidadoras.

La imposibilidad de muchas de encontrar oportunidades laborales flexibles hace que desistan de su actividad profesional: “Aunque las mujeres representan la mitad de los habitantes del planeta, tristemente el 55 por ciento de ellas dejan la fuerza laboral cuando se convierten en mamás porque no encuentran la flexibilidad que necesitan para equilibrar vida y trabajo”, afirma Silvina Moschini, fundadora de Sheworks!, empresa de impacto social que permite acortar la brecha de desempleo de género para que mujeres de todo el mundo encuentren trabajos flexibles y en la nube para lograr así su independencia económica.

¡Home office al poder!


A comienzo de los ’90 nació esta tendencia creada por la consultora de marketing Faith Popcorn, que promovía volver al hogar, inclusive durante la jornada laboral.

El pionero en implementar el home office fue el estado de California en 1988, cuando seis departamentos del gobierno les propusieron esta posibilidad a sus empleados. Los resultados de este ensayo de teletrabajo fueron un éxito rotundo: incrementó la productividad y se achicaron gastos.

Si bien nuestro país está entre los que aún sostienen formatos más bien tradicionales -ya que la media global de quienes pueden trabajar desde cualquier lugar y en cualquier horario es del 41 por ciento, y la de quienes lo hacen bajo el sistema tradicional, del 68 por ciento-, el 70 por ciento de nosotros desearíamos poder trabajar desde casa u otras locaciones, según señala el informe de Randstad Workmonitor realizado en marzo del 2018.

Connie Santilli es diseñadora gráfica y se animó a utilizar la plataforma de Sheworks! para no tener que resignar su actividad profesional: “Tengo lo mejor de dos mundos. Me permite trabajar con empresas maravillosas que valoran a las mujeres a la vez que puedo ocuparme de mis hijos”, señala.

Al igual que Connie, a muchas mujeres esta alternativa les permite aunar los roles más importantes de su vida, la profesional y la maternidad, que hasta no hace mucho entraban en disputa y parecían irreconciliables.

“Se supone que una madre es mejor madre si está 100 por ciento dedicada a sus hijos, si no ‘los abandona’. Estos mandatos sociales y culturales son los que aparecen en las mujeres que acaban de ser mamás y necesitan o deben o quieren retornar a sus actividades, no sólo laborales sino cualquier otra, entonces la culpa las atraviesa porque sienten o piensan que no es lo que tienen que hacer”, explica la licenciada en psicología María Noel Lucano.

La posibilidad de trabajar desde casa, ayuda a muchas a deshacerse de estas contradicciones o la culpa que genera volver al trabajo y dejar a los hijos.

“Cuando nació Ramón, la idea de tener que volver a la oficina y no verlo por más de ocho horas me angustiaba muchísimo, pensé más de una vez en dejar mi trabajo para quedarme en casa con él y ser mamá full time. Cuando finalmente llegó el día, fui a hablar con mi jefa para contarle que había tomado la decisión de dejar el trabajo para estar con mi hijo. Después de unos minutos de hablar y contarle el por qué de este final, fue ella quien me propuso que intentara con la modalidad home-office, y hoy no puedo estar más agradecida. Al principio, no voy a negarlo, me tuve que adaptar a esa nueva rutina, pero como cualquier adaptación a un cambio, y me sirvió mucho la presencia de mi mamá, que en momentos críticos me ayudaba con Ramón, pero hoy que ya va al jardin, la situación no puede ser mejor: cuando él está en la institución realizo mis actividades a fondo, y sé que cuento con la posibilidad de llevarlo, retirarlo, ir a las reuniones y hasta hacernos una escapada a la plaza”, cuenta muy entusiasmada Carolina Rigantti, contadora, mamá y home-office lover.

Como Carolina, son muchas las que valoran la libertad de horarios y actividades y para algunas se convierte en una solución a la época de vacaciones.

Al finalizar el ciclo lectivo, muchas familias empiezan a preguntarse cómo o quién se encargará del cuidado de los chicos durante estos meses: “Si bien mi inicio en el home office fue forzado porque me había quedado sin trabajo, por lo que emprendí de manera independiente desde mi casa, a medida que pasaban los días, no podía sentirme más a gusto. Recibía a mis hijos, los acompañaba a sus actividades y sobre todo lo noté al llegar las vacaciones: ¡no tuve que salir desesperada a buscar colonia!”, cuenta Guillermina Gonzalez, diseñadora gráfica, mamá de Lara y Bautista. Suena tentadora la oferta, ¿no?

¿La oficina en casa? No, gracias


A priori, pensar en que se puede trabajar en pijama, sin necesidad de maquillarnos ni tener que programar el despertador, suena muy tentador e idílico, pero como todo lo que se muestra perfecto, tiene su lado menos amistoso. Si algo aprendimos en la vida, es a desconfiar de los que nos “pintan glorioso”.

Muchas ex partidarias de esta modalidad declaran que el hogar no siempre es el mejor lugar para trabajar, pues existen diversas distracciones, desde las redes sociales, el celular, la televisión, los hijos, la familia, la mascota, los pendientes de la casa y un sinfín de situaciones que fácilmente podrían desconcentrarte.

Administrar bien los tiempos, evitar la tentación de los quehaceres domésticos y enfocarte en tu productividad son condiciones sine qua non para que el trabajo remoto sea fructuoso.

A esto se le suma que para muchas mujeres significa un cúmulo de responsabilidades que terminan desbordándolas en su capacidad de acción y las lleva a estar en un continuo estado de trabajo. “Si no se prevé cómo organizar los tiempos para teletrabajar, se cae en abusos que recrean largas jornadas sin descanso, ni acceso a recreos o tiempo libre”, explica la doctora Viviana Laura Díaz, autora del libro La oficina en casa, mitos y realidades del teletrabajo.

“Al comienzo todo era un verdadero caos, me encontraba respondiendo mails mientras cambiaba un pañal, cerrando un balance mientras daba la teta y pausando una presentación para ir al pediatra. La falta de límites para cada actividad me sumergía en una vorágine que lo único que me daba era ansiedad”, recuerda Romina Placencia, ejecutiva de cuentas en una agencia de bienes raíces.

Micaela cuenta que en su trabajo el home office es una opción instaurada y que la ofrecen a sus empleados de manera abierta, por lo que cuando nació Lucía, no dudó en hacer uso del que ella consideraba un beneficio: “Tenía muchas amigas que trabajaban desde casa y ejemplos dentro de la misma compañía con compañeras que lo habían hecho, por lo que me parecía iba a ser ideal, pero no pude adaptarme”, explica, y cuenta también que recibía comentarios y consejos que le recomendaban “aguantar” un par de meses, los primeros y más dependientes de cualquier bebé, a los que les hizo caso e, incluso, esperó hasta el año y medio de su hija, cuando comenzó la guardería: “Imaginaba que esas horas sin la responsabilidad de cuidar de Lu iba a poder abocarme a mi trabajo, pero muchas veces surgían imprevistos que me hacían fracasar en ese objetivo”, y lo único que lograba, cuenta, era estar en un in eternum modo trabajo.

Según Díaz, otro de los grandes riesgos de trabajar desde casa es el aislamiento. “Si la persona que hace teletrabajo no asiste por lo menos una vez por semana en forma presencial a su empresa, puede sentirse fuera del sistema, ajena al radio pasillo tan necesario para conocer qué pasa realmente en la organización y desplazada de los encuentros cara a cara, que no son reemplazables por ningún sistema virtual”, señala.

Trabajar desde casa claramente tiene sus encantos: evitar el viaje hasta la oficina y el gasto que esto implica, no tener que vestir protocolarmente y tantas otros más, pero, como casi todo en la vida, no se adapta a todas las personalidades, por eso lo primordial es encontrar el afín a uno y no querer amoldarnos a un único esquema.

Fuente: Infobae

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