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Sociedad

Feministas argentinas rehacen el tango

Un grupo de activistas está tratando de que el tango sea menos dogmático en cuanto a los roles tradicionales de género y más activo en erradicar el acoso y la agresión sexual

Los zapatos chatos rojos rubí de Liliana Furió se deslizaron por la pista de baile en movimientos rápidos y seguros, haciendo que sus pantalones holgados se balanceen suavemente.

Ella y un joven ruso delgado estaban embelesados, en éxtasis y envueltos en un abrazo firme, mientras giraban en sentido contrario a las agujas del reloj junto a otras parejas en perfecta sincronía. Pero era difícil saber quién guiaba a quién. Algunas parejas parecían perdidas en un abrazo amoroso, mientras otras se balanceaban juguetonamente. Y eso es precisamente lo que tenía en mente Furió cuando creó una milonga que rompería todas las reglas del tango, la principal exportación cultural de Argentina.

Furió comenzó a alquilar lugares para el evento a principios de este año y lo llamó La Furiosa. Es parte de una iniciativa de las feministas argentinas para hacer que el tango sea menos patriarcal.

En el tango tradicional, los hombres invitan a las mujeres a bailar a través de un sutil movimiento de cabeza conocido como “cabeceo”, a menudo hecho desde el otro lado del salón. En la pista de baile, el hombre afirma el control en una secuencia de movimientos, a menudo de ritmo rápido, sacudidas y enredos de extremidades, que van desde ser socarronamente sensual hasta incómodamente dominante.

Ya sea que lo disfruten o lo soporten, las mujeres, de quienes se espera que utilicen vestidos de cocktail y tacos altos, deben mantenerse firmes durante cada set de cuatro canciones. Las bailarinas de tango veteranas dicen que los estiramientos de 15 minutos pueden convertirse en una agonía cuando el abrazo del compañero se siente sofocante o cuando su mano deambula por debajo de la cintura.

“Es un poco un juego para probar dónde están los límites”, dijo Victoria Beytia, una ávida bailarina de tango que, junto con Furió, forma parte de una coalición de activistas conocidas como el Movimiento Feminista del Tango.

REUTERS/Enrique Marcarian)
REUTERS/Enrique Marcarian)

En julio, el grupo publicó un protocolo para hacer que las salas de tango sean menos dogmáticas sobre los roles de género tradicionales y más claras en erradicar el acoso y la agresión sexual.

El protocolo proporciona pautas sugeridas para los organizadores de las milongas, incluida la aceptación de parejas que se apartan de los roles heteronormativos. También ofrece orientación sobre cómo manejar los casos de acoso y abuso, y aconseja, por ejemplo, que a los hombres acusados de actuar de forma inapropiada en la pista de baile se les pida que se retiren.

“El tango es un reflejo de lo que está sucediendo en nuestra cultura y durante mucho tiempo nuestra cultura ha permitido que los hombres te toquen cuando lo desean. Y, si te quejas, sos tratada de loca”, dijo Beytia.

Furió, una documentalista de 56 años, conoció el tango cuando era niña. Su padre, un estricto oficial de inteligencia militar que años después sería condenado por crímenes graves cometidos durante la dictadura argentina, hizo de ver “Grandes valores del tango” un ritual familiar obligatorio.

El programa rendía homenaje a la danza sensual y teatral que surgió en los enclaves de inmigrantes pobres y se transformó en el atractivo principal entre los argentinos.

“Me fascinó la danza”, dijo Furió una mañana reciente, sentada en la sala de estar soleada del departamento que comparte con su esposa alemana. “Ese abrazo único, esas coreografías sensuales, es algo que recuerdo vívidamente”.

De adulta, empezó a asistir a las milongas tradicionales de Buenos Aires. Pero su pasión por la danza fue desalentada por rituales y códigos de conducta que la impactaron por sexistas y degradantes.

(AP)
(AP)

El tango argentino es el producto de la confluencia de ritmos y tradiciones que se cruzaron en el 1700 y 1800, en distritos pobres de Buenos Aires que albergaban inmigrantes, antiguos esclavos africanos y criollos.

Inicialmente rechazado por las elites y la Iglesia Católica, que lo consideraron transgresor y obsceno, el tango fue finalmente ampliamente adoptado a medida que Argentina recibía un enorme flujo de inmigrantes a comienzos del siglo XX y Buenos Aires se convertía en una renombrada ciudad cosmopolita.

La letra de muchos tangos clásicos son tan dramáticas como el género, cuentan historias de amor apasionado, desesperada nostalgia y traición. Pero varios son odas explícitas al sometimiento de las mujeres, y a la violencia física en contra de ellas, y es perturbador escucharlas hoy.

El tema “Amablemente”, cuenta la historia de un hombre que sorprende a su pareja en los brazos de otro. El amante es disculpado porque, como dice el autor Iván Diez, “el hombre no es culpable en estos caso”. El amante traicionado le pide a la mujer que le sirva un trago, se inclina para besarle la frente y “amablemente la apuñala 34 veces”.

“Tortazos”, de Edmundo Rivero, es una diatriba contra una amante que se va. “¡No te rompo de un tortazo, por no pegarte en la calle!”, dice la canción.

“Por un tiempo, esas letras fueron una segunda naturaleza y yo sólo me reía”, dice Furió. Pero ese tipo de tangos empezaron a estar bajo escrutinio a medida que el movimiento feminista argentino creció en visibilidad y fuerza. En 2015 una campaña para llamar la atención sobre la violencia contra las mujeres galvanizó a millones.

Soraya Rizzardini González, una instructora de tango que forma parte del Movimiento Feminista de Tango y ayudó a redactar el protocolo, dijo que mientras los temas que parecen convalidar explícitamente la violencia pueden ser una minoría, el tango siempre reflejó el sexismo estructural penetrante en Argentina.

Los primeros films de tango, dice, muestra a las mujeres llevadas como “muñecas de trapo” por la pista de baile. “Los roles de género están fijados”, dice González. “Una persona conduce y la otra no”.

“El tango es una caricatura del patriarcado”, agrega.

En los años 1990, los gays de Argentina empezaron a organizar bailes colectivos que cambiaron drásticamente los roles. En lo que empezó como una escena pequeña y subterránea que florecería, los aficionados al tango crearon espacios en los que mujer podía llevar la delantera y donde parejas del mismo sexo podían alternar la conducción del baile con los roles pasivos.

Un aviso de lecciones de tango queer atrajo una doble mirada de Furió en 2003. Habiendo salido recientemente del closet, encontró la idea fascinante. “Quiero decir ser capaz de apoderarme de una parte de esa herencia tan profundamente nuestra que fue accesible sólo a un segmento de la población”, dijo. “Había algo muy subversivo en eso”.

Furió dijo que aprender a llevar a la pareja en el tango toma más que clases convencionales; requiere un avance psicológico para superar años de sentirse despreciada, subestimada y por lo general maltratada.

Pero hubo un punto mágico de quiebre, cuando aprendió que podía asumir un rol activo en la pista de baile. “Como mujer, te das cuenta de que podés llevar a tu pareja y que podés hacerlo bien”, dijo. “A lo largo de los años, he ayudado a muchas mujeres a luchar contra la misma cosa”.

A medida que más mujeres se vuelven instructoras, y enseñan la danza en un modo de género fluido, las milongas de Buenos Aires empiezan a recibir a las parejas del mismo sexo, a mujeres llevando a los hombres y otras rupturas con las convenciones.

“Las mujeres saben cómo ganarse el respeto”, dijo. “El tema es que ahora las mujeres quieren dominar a los hombres”.

Habiendo sido expulsada de la milonga de Pellozo una vez por tratar de bailar con otra mujer, Furió no es fan. Pero parece haber reído último, al convocar a un mayor número de público en La Furiosa. “Tal vez hayamos ampliado esto a algo que es fraternal y no necesariamente sensual”, dijo.

De todos modos, viéndola bailar con sus clientes bajo tenues luces rojas mientras toca una orquesta en vivo, resultó fácil dejarse ir hacia algo parecido a un estado hipnótico.

Fuente: infobae