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Turismo

Cracovia: un cuento de Navidad

Krakow, Poland, Christmas tree and Cloth Hall on Main Market square

El intenso olor a vino caliente te alcanza mucho antes de que llegues a poner un pie en la mítica Plaza del Mercado. Minúsculas luces parpadeantes te hipnotizan desde árboles, monumentos y negocios. Mariah Carey pone la banda sonora con la omnipresente ‘All I Want for Christmas is you’ –aunque nosotros hubiéramos apostado mejor por Frank Sinatra o Bing Crosby, la verdad sea dicha, los mejores mercadillos navideños de Europa

Y, cuando menos lo esperas, ha sucedido. Exacto, amigo: te has contagiado hasta la médula del espíritu navideño más auténtico y ya nada podrá remediarlo.

No te preocupes: no se nos ocurre una ciudad más acertada para vivir la esencia de estas fiestas que Cracovia, así que abrígate bien y prepárate, que nos lanzamos a conocerla de cabo a rabo.

Quizás pequemos de pretenciosos, pero podríamos afirmar que los 40 mil metros cuadrados de la Rynek Glówny, la plaza medieval más grande de toda Europa, concentran la mayor parte del ambiente festivo de Cracoviadurante estas fechas.

Rynek Glówny, en Cracovia

Rynek Glówny, en Cracovia© Getty Images

Al hecho de que en ella se hallen algunos de los iconos más emblemáticos de la ciudad –digamos, por ejemplo, la mítica Lonja de Paños, las iglesias de Santa Catalina y de Santa María (de obligada visita aunque sea únicamente para admirar su maravilloso retablo) o la Torre del Antiguo Ayuntamiento-, se añade el hecho de que, desde el último domingo de noviembre, varias decenas de puestos se adueñen del espacio dando forma y color al mítico Mercado de Navidad.

En un extremo de la plaza un gran árbol –también de Navidad- revindica su protagonismo. Junto a él, las famosas calesas de caballos, engalanadas para la ocasión, esperan pacientes a aquellos turistas que buscan contemplar la ciudad desde un punto de vista diferente.

Pero a nosotros, sin embargo, no se nos ocurre mejor plan que perdernos entre los puestitos artesanales : objetos decorativos de todas las formas, materiales y colores imaginables nos tientan desde cada uno de ellos. Es el momento de maldecir el haber llenado la maleta de tantos jerséis y bufandas… ¿Cómo no se nos ocurrió dejar espacio para estas maravillas?

Coronas elaboradas de manera artesana con hojas de pino y piñas, enormes galletas de jengibre, productos hechos de lana, de madera, de croché, de cristal… Espera, ¿pero eso qué es? ¡Pierogis! Ejem… hagamos una parada.

Mercadillo de Navidad de Cracovia

Mercadillo de Navidad de Cracovia© iStock

Y es que la gastronomía, como todo buen mercado, también tiene cabida aquí. Y sí, lo reconocemos: lo más complicado será decidir por cuál de las propuestas decantarnos. Estas empanadillas de huevo y harina rellenas de queso, papa o carne tan típicamente polacas, pueden ser una buena opción. Aunque juraría que aquellas salchichas nos están mirando desde las brasas de aquella barra…

Acompañados de un buen vino caliente para entrar en calor -o cerveza para los más valientes-, cualquiera de las opciones será una cierto seguro.

Eso sí, un consejo antes de continuar: aunque el mercado está abierto desde temprano en la mañana hasta la noche, el mejor momento para visitarlo es cuando atardece y las luces comienzan a inundarlo todo. Es entonces cuando, tanto polacos como turistas, se acercan hasta aquí y el ambiente llega a su punto culmen.

Cocina en los mercadillos de Cracovia

Cocina en los mercadillos de Cracovia© iStock

Si la gastronomía callejera no nos convence o no termina de saciarnos, existen un par de lugares que, sin duda, alcanzarán todas nuestras expectativas. Por un lado, Szara Ges , ubicado en uno de los laterales de Rynek Glówny.

Alta cocina de raíces polacas en un local elegante que bien podría ser un auténtico museo. El ganso en cualquiera de sus variedades es la especialidad. De postre, sin duda, Grey Goose: el plato más sorprendente que se puede imaginar.

Si lo que apetece es, sin embargo, algo más dulce, en E. Wedel, una clásica chocolatería cuyo origen se remonta a 1851, podremos deleitarnos con infinidad de propuestas. ¡Solo apto para los más golosos!

Szara Gés

Alta cocina polaca en el centro de Cracovia© Szara Gés

Aunque para escapar del frío no será mala idea tomar algo en cualquiera de los bares o cafeterías que ocupan las galería subterráneas de la Lonja de Paños: todo un mundo se esconde en el subsuelo.

Al margen de sus mercados y luces, hay un acontecimiento que identifica más que a ningún otro que la Navidad ha llegado a Cracovia: el concurso anual de belenes. Más de 80 años de tradición concentrados en unas estructuras, a cada cual más original, que combinan la escena del nacimiento de Jesús con la arquitectura del centro histórico de la ciudad.

¿El resultado? Maravillosas obras de arte que derrochan color e ingenio a raudales. Una competición que va mucho más allá del simple premio y que se ha convertido en toda una tradición.

Los belenes premiados son expuestos cada primer jueves de diciembre en Rynek Glówny, una ocasión perfecta para contemplarlos. Aunque si se nos escapa la oportunidad, no hay de qué preocuparse: muchos de ellos, tanto de la edición actual como de otras pasadas, son mostrados al público en vitrinas repartidas por toda la ciudad. El gran revuelo que generan a su alrededor suele ser un factor determinante para localizarlos.

Lonja de Paños de Cracovia en Navidad

Todo un mundo se esconde en el subsuelo© Alamy

Pero no, va a ser que no terminamos de saciarnos de espíritu navideño… ¡Queremos más! Muy bien, que no cunda el pánico. Para lograrlo solo tendremos que continuar paseando por las calles y plazas del centro histórico de Cracovia. Unos metros más allá, en la Maly Rynek o Plaza de la Carne –en su día se destinó esta otra plaza únicamente a los productos cárnicos por el fuerte olor que producían-, las luces y guirnaldas continúan inundándolo todo.

Mientras caminamos por los alrededores de calles como Grodzka, Florianska o Jagiellonska, los ojos se nos van, irremediablemente, hacia los diferentes comercios. Y es que el arte de la decoración navideña en este país es de premio: hasta el local más pequeño cuenta con tantos detalles que querremos pararnos en todos. Aunque, para decoración navideña, nuestra próxima parada.

¿Imaginas engalanar el árbol de Navidad con nuestras propias “obras de arte”? ¿Fardear entre nuestros amigos de originalidad y espíritu creativo? Vale, quizás nos estamos pasando, pero es que la visita que proponemos ahora lo merece.

Gente paseando por el mercado de Navidad de Cracovia

Gente paseando por el mercado de Navidad de Cracovia© iStock

A 23 kilómetros de Cracovia, tras atravesar pequeños pueblos y recorrer diversas carreteras rurales, llegamos a ARMAR, una pequeña empresa que se dedica a la elaboración artesanal de bolas de Navidad de cristal –y que, sin embargo, se trata de la más grande de todo Polonia-.

Hace ya casi 20 años que Arkadius y Marek, socios con una dilatada experiencia en el sector, decidieron apostar por este proyecto tan personal. Poco a poco y a base de muchísimo trabajo y es fuerzo, lograron crear toda una familia de trabajadores y artesanos que, codo con codo, elaboran cada año miles de figuras navideñas, un 90% de las cuales, paradójicamente, acaban exportándose a Estados Unidos.

Contemplar cómo los artesanos soplan el vidrio a altas temperaturas, cómo este toma forma en moldes preparados para ello, cómo los adornos se tratan con diferentes químicos y cómo verdaderas artistas –la mayor parte, mujeres- le dan color y brillo para crear las figuras más hermosas, compone toda una experiencia navideña al 100%.

Para rematar, el mejor souvenir que llevarnos a casa: una bola de árbol de Navidad que, cual auténticos Picassos, decoraremos a nuestro gusto. –Tranquilos, si el arte no es lo nuestro, siempre estará la opción de comprar algo en la tienda. ¡Pero ojo! Hay piezas que cuestan desde tan solo 2 o 3 euros hasta 60 o 70-.

Los artesanos de las bolas de Navidad trabajan en ARMAR

Los artesanos de las bolas de Navidad trabajan en ARMAR© Getty Images

Sea como sea, tras una sesión de desarrollo de la creatividad, lo más normal será que nos haya entrado hambre. De vuelta al centro de Cracovia nos dirigimos a Klimaty Poludnia, un coqueto restaurante escondido en un antiguo patio en el que degustar, una vez más, la esencia de la gastronomía polaca. ¿Para qué hemos venido si no?

Pero recordemos, ¡estamos en Cracovia en fiestas! Es la hora de venirnos arriba y catar algunos de los platos típicamente navideños y tradicionalmente polacos. ¿Por ejemplo? La Zupa Grzybowa o sopa de boletus –las setas son apuesta segura en cualquiera de sus variantes en este país-, el popular Bigos–un guiso de chucrut, carne y embutidos que cenan muchas familias en Nochebuena y que está considerada la receta nacional por excelencia- o, en caso de que no nos animáramos en el Mercado de Navidad, los típicos pierogi. ¿Para acompañar? Un buen vino polaco, ¡claro que sí!

Pero aquí no acaba la cosa: nosotros somos de los de un poquito de dulce después de la comida. Así que para darnos el gusto nada como acercarnos a cualquiera de las muchas pastelerías repartidas por la ciudad, como Kameccy, para catar uno de los pasteles más exclusivos de la Navidad polaca:el Makowiek, un bizcocho elaborado con semillas de amapola, es bocado obligado.

Quizás sea el momento de hacer un pelín más de turismo –sinceramente, lo que buscamos es bajar un poco la comida-, y subir hasta la Colina de Wawel. En su cima se concentra más historia que en ningún otro punto de la ciudad, y es que ha sido testigo de todo un siglo de avatares políticos y sociales.

Una visita al Castillo Real de Wawel no podrá faltarnos: hoy día constituye un museo dividido en cinco secciones diferentes. En una de ellas se halla uno de los tesoros nacionales: ‘La Dama del Armillo’, de Leonardo Da Vinci.

Catedral del Wawel

Catedral del Wawel© Getty Images

Pero lo que nos dejará sin palabras ya con solo contemplar su exterior –que, por cierto, podríamos calificar como un auténtico tetris arquitectónico- es la Catedral de Wawel, lugar de coronación tradicional de los monarcas polacos en el que se hallan enterrados muchos de ellos. Uno de esos rincones que no dejan indiferente.

Y, casi sin darnos cuenta, llegamos al final de nuestra ruta navideña por Cracovia. No nos han faltado los lugares emblemáticos, las compras, el arte ni la gastronomía. Aunque, ¡un segundo! ¿Qué hay de la música?

No hay más que hablar: nos vestimos bien guapos y nos dirigimos hacia el Royal Chamber Orchestra Hall, un antiguo edificio del siglo XV que solía ser el hogar del maestro de cazadores de la familia real, Kaspar Debinski, y que cuenta con una de las mejores acústicas de la ciudad… ¡Ahí es nada!

Allí, de la mano de algunas de las eminencias musicales más importantes de la ciudad, y copa de vino en mano, tocará disfrutar de un tradicional –y sorprendente- concierto de fin de año.

Sobre el autor

Ileana Gionco

Ileana Gionco

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