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Cómo lograr un buen bronceado

Llega el verano. Sacás la minifalda del armario y salís en búsqueda de la ropa que se viene para esta temporada. Los colores claros se lucen más con una piel dorada y bronceada por el sol, pero tus piernas blancas aun reflejan el blanco invernal, casi como si nunca hubieran conocido la playa o no se hubieran asomado nunca a unos rayitos de luz. Tranquila. Podés lograr un color que anticipe tus ganas de salir de vacaciones, pero es importante hacerlo gradualmente y con cuidado.

Salir al sol

Cuando estés armando el bolsito playero, contemplá ropa que te proteja de los rayos solares nocivos (UVA y UVB), como sombreros de ala ancha, anteojos de sol y sombrillas, muy útiles aunque no suficientes para prevenir las quemaduras de la piel causadas por el sol.

Los protectores solares son un infaltable a la hora de exponerte a los rayos solares. Son sustancias que podés encontrar en loción, gel, spray u otro tópico y que absorben o disipan los rayos ultravioletas para proteger la piel de los efectos nocivos del sol. Sirven para evitar o disminuir las quemaduras, aunque ningún protector brinda una protección absoluta del 100%.

El Factor de Protección Solar (FPS) da cuenta del tiempo que tardará la piel cubierta con una pantalla en enrojecerse, con respecto a la que no fue protegida con ningún producto. Esto significa que la piel de una persona que se aplicó un protector solar factor 30 tardará 30 veces más en enrojecer que la de alguien que no usó ninguna pantalla.

Siempre que te expongas al sol tenés que usar un protector solar y colocártelo 20 minutos antes de salir, para una correcta absorción. Esto te permitirá lograr un bronceado leve, gradual y progresivo sin bruscos cambios que lo único que harán será que te «peles» la piel más rápido y pierdas el color.

Distribuí uniformemente el protector para que cubra todas las zonas de tu cuerpo que estarán expuestas al sol, prestando especial atención a aquellas que suelen estar más «tapadas» durante el año. No te olvides de la parte de arriba de las orejas, el empeine del pie y los costados de la malla.

Para lograr el nivel de protección indicado y la eficacia óptima, es necesario aplicar 2 miligramos de protector solar por cada centímetro cuadrado de piel (lo que equivale a más o menos media cucharadita pequeña de protector solar -1.2 ml- para la cara). En el caso de aerosoles, por ejemplo, son 18 pulverizaciones por área del cuerpo. Reducir esta cantidad va a disminuir considerablemente el nivel de protección.

Es importante, además, elegir correctamente los horarios de exposición: evitá el horario entre las 11 de la mañana y las 16. Tomá sol en forma gradual e intermitente: ¡no te quedes dormida con los auriculares puestos, porque vas a ser un tomate! Tenés que renovar el protector cada dos horas y, si transpirás mucho, hacés deporte o te metés al agua, volvé a aplicarlo.

Buenos hábitos

Para ayudar a tu piel a mantener un buen y saludable bronceado, es fundamental tomar mucha agua para recuperar las sales minerales y evitar una posible deshidratación: entre 3 y 4 litros diarios es lo ideal para compensar un día de sol.

Además, elegí aquellos alimentos que contribuyen a lograr el tono que querés. Estos días de calor no pueden faltar las ensaladas de tres colores y las frutas frescas.

La vitamina E juega un rol esencial en la protección de la membrana de todas las células del organismo, ya que bloquea el paso de los radicales libres, que producen la oxidación de las células y, con esto, un envejecimiento prematuro). Por eso, tiene propiedades antioxidantes y contribuye en la ralentización del envejecimiento cutáneo.

La vitamina C es sumamente adecuada, ya que la primera protege las fibras de elastina y colágeno de la piel (ayudando contra los daños que puede causar la radiación solar).

La zanahoria, el perejil, el tomate, el mango, las calabazas, la espinaca y el brócoli contienen betacaroteno, un componente fundamental que se transforma en vitamina A en el organismo, que lo asimila en el intestino delgado y se acumula en el hígado en forma de retinol, el cual da color a nuestra piel y sirve de protección frente a la acción de los rayos ultravioleta.

Con el pescado y los frutos secos podrás sumar Omega3, que ayudará a mantener tu piel hidratada gracias a una serie de ácidos grasos esenciales.

Por último, es importante que no pierdas de vista los geles o cremas hidratantes, que calman la piel luego de la exposición solar, preservan su deshidratación y permiten conservar un bronceado por más tiempo. Por lo general, se aplican por la noche antes de dormir.

Fuente: Clarín, Entre Mujeres

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