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Así envejece nuestro cuerpo

Seguro que tienes clarísimo cómo envejece tu cutis y que le pasa a la epidermis del resto de tu cuerpo con los años así como lo que puedes hacer para frenar y ralentizar este proceso con hábitos saludables y ayuda cosmética, ¿pero qué pasa con el resto de tejidos de tu cuerpo?

No hay freno al envejecimiento

¡Malas noticias! ¡No hay freno en esto de encaminarse a la tercera edad! Pero esto no quiere decir que un estilo de vida activo, una dieta sana y una visión optimista ante el futuro no ayuden y mucho a llegar a ser unos abuelos sanos, felices, con una calidad de vida más que decente y con un cuerpo lo menos deteriorado posible.

Pero cada vez vivimos más y más mejor

En los países desarrollados cada vez vivimos más y mejor, esto es un hecho. Según la ONU en el 2050 el número de personas mayores de 80 años rondará los 377 millones y ya  en Argentina en 2017  la cifra de mayores de 70 suponía según el INDEC un 8.4% de la población, datos espectaculares si tenemos en cuenta que en 1900 no superaban el 1% de la población mundial.

¿Tiene un límite genético la vejez humana?

Según el doctor Mauricio Herrera, el material genético del ser humano tiene un límite de supervivencia que oscila entre los 120 y 125 años, marcándose así la cota de vejez que podríamos alcanzar. Sin embargo, en este ambicioso objetivo de supervivencia también entran en juego tanto factores ambientales como hábitos nutricionales y de estilo de vida. Además, ¡en esto los deportistas estamos de suerte! Como bien señala este especialista, la degradación de los tejidos y de la salud general que supone el envejecimiento, ¡siempre es menor si se practica y se ha practicado deporte a lo largo de la vida!

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¿Qué cambios físicos implica el envejecimiento?

Pero volviendo al determinismo de la edad, el gerontista Leonard Hayflick daba la siguiente explicación: las células tienen un límite de subdivisiones (alrededor de 50), posteriormente dejan de subdividirse y… mueren. Así, las modificaciones que necesariamente los años producen en nuestros tejidos nos harían:

1. Más bajitos y con menos agua

Existe una explicación muy simple a por qué tu abuelo, ese hombre de 1,80 m que incluso era más alto que tu padre, terminó sus días unos centímetros más bajo que él, ¡y no es solo que no tuviera fuerza para erguirse! Y es que los hombres pierden cerca del 17% de su masa ósea y las mujeres casi un 30% y esto conlleva una pérdida de estatura, de unos cinco centímetros en la mujer y de tres en los hombres. Precisamente una de las razones de este cambio es la pérdida de agua corporal, que provoca que los discos intervertebrales se hagan más estrechos y las vértebras se aproximen. Si en los hombres jóvenes cerca del 61% del peso del cuerpo es agua (51% en mujeres), en los varones de entre 57 y 86 años el dato se reduce al 54% (46% en las mujeres).

2. Tener más grasa y menos músculo

Nuestra trabajada y amada musculatura disminuye y, por mucha guerra sin cuartel contra la grasa que hayamos tenido, esta aumenta. Los hombres de 70 años suelen tener unos 9 kilos menos de masa muscular de la que tenían a los 40 y unos 3,4 kilos más de tejido graso. Entre los 55-75 años por la pérdida de músculos, de agua y de masa ósea disminuye el peso. Y si te asombra que tu abuela que ha vivido toda la vida en Soria pase ahora más frío que hace 50 años cuando ni tenía calefacción, existe explicación: a partir de los 75 años se pierde grasa y capacidad de generar energía, y por eso se tiene más frío.

3. Una piel menos sensible y ¡Adiós a la transpiración!

Además de los cambios obvios de la epidermis, en las capas más profundas de la piel se producen otros cambios de los que no solemos hablar. El primero es que las glándulas sudoríparas desaparecen o dejan de funcionar y por eso se suda menos y se desprende menos olor corporal. El segundo es que la capa profunda que se encuentra debajo de la epidermis y de la dermis, la que controla la pérdida de calor corporal y amortigua los golpes, se pierde. Y finalmente, las células nerviosas de la piel también se vuelven menos eficientes y se reduce la sensibilidad al calor o al dolor.

La cosmética también puede ayudarte

Actualmente, existe en el mercado una gran cantidad de productos capaces de no solo hidratar las capas más superficiales, sino también de tonificar y mantener la elasticidad de los tejidos más profundos para ralentizar su degeneración. Esther Ortega, directora de Formación del Institut Esthederm, recomienda estas pautas de actuación:

1. Exfolia en profundidad cada 15 días. El objetivo es conseguir que la piel permita una penetración mucho más profunda de las cremas y sueros.

2. Mucho más que hidratar… ¡Y a diario! Busca una hidratación óptima y que active las fibras de sostén (aquellas encargadas de mantener la elasticidad de los tejidos, como es el caso del colágeno) y que reparen las fibras que están más expuestas a la tracción y comprensión (oxitalanas). En definitiva, una hidratación que permita penetrar más allá de la epidermis.

3. Quema y reactiva. La cosmética también debe orientarse a la quema de grasas y a la reactivación de la circulación sanguínea y linfática, con el fin de mantener la tersura, el equilibrio hídrico y elasticidad del tejido mucho más tiempo.

Sobre el autor

Ileana Gionco

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