Belleza

Sangre adolescente: ¿el elixir de la eterna juventud?

Una firma californiana inyecta plasma ‘joven’ y promete que da fuerza y memoria. Los expertos lo ponen en duda.

La esperanza de vida ha aumentado de manera exponencial en el último siglo, pero seguimos soñando con encontrar un remedio para frenar el deterioro de nuestra salud. Por eso la lucha contra el envejecimiento centra los esfuerzos de científicos de todo el mundo y, en especial, los financiados por las grandes compañías de Silicon Valley.

Recientemente, la búsqueda de un remedio definitivo a las enfermedades asociadas con la edad se ha volcado en los prometedores resultados de un elemento con propiedades sorprendentes: la sangre joven.

La idea tampoco es nueva. Plinio el Viejo, gran historiador del Imperio Romano, describía cómo algunos de los espectadores de los combates de gladiadores bajaban a la arena del Coliseo para beber la sangre de los caídos, con la esperanza de curar sus enfermedades. Marsilio Ficino, filósofo y médico renacentista, prescribía a algunos de sus pacientes un brebaje a base de sangre joven, vino y azúcar, capaz de devolver a los ancianos el vigor juvenil perdido.

Isabel de Báthory, conocida como Condesa Sangrienta, fue acusada de desangrar a 650 personas para beber su líquido vital y darse baños con los que recuperar la tersura de la piel. ¿Y qué decir de los vampiros? Nada como la sangre de jóvenes vírgenes para que Drácula y sus semejantes disfruten de la inmortalidad. Más o menos como los Rolling Stones y esa leyenda urbana sobre sus visitas a una clínica suiza para seguir en plena forma pasados los 70.

Más allá de mitos y procedimientos sin base científica, las técnicas para frenar el envejecimiento parecen haber encontrado un filón. Así lo cree Jesse Karmazin, fundador de la compañía Ambrosia, que ofrece transfusiones de dos litros y medio de plasma joven, obtenido de varios donantes de entre 15 y 25 años, por 6.800 euros del ala. Se trata de un polémico ensayo clínico sin placebo, cuya eficacia todavía no ha sido demostrada, más allá de su tajante afirmación por correo electrónico: «El tratamiento ofrece mejoras en la fuerza muscular, la memoria y los niveles de energía. Las dudas sobre nuestros métodos proceden de la ignorancia». Ante esta afirmación, Michael e Irina Conboy, biólogos moleculares de la Universidad de Berkeley que llevan 17 años investigando las supuestas propiedades de la sangre joven, replican con contundencia: «Karmazin no ha mostrado ningún resultado fiable y parece que se necesita una gran cantidad de suero joven para que tenga algún tipo de efecto. Hay mejores maneras y más seguras de arreglar la sangre vieja del propio paciente que utilizar la sangre joven de otra persona».

El matrimonio Conboy, una referencia a nivel mundial en la materia, empezó a trabajar sobre la hipótesis de las propiedades regenerativas de la sangre tras unos prometedores experimentos con ratones, uno joven y otro viejo, conectados como si fueran siameses a través de una técnica llamada parabiosis, gracias a la cual los animales comparten la sangre y el funcionamiento de los órganos.

«La pregunta con la que empezó todo esto es ¿por qué, cuando te haces mayor, todos los tejidos envejecen a la vez? ¿Por qué las heridas tardan más en cicatrizar, por qué el músculo no se repara, por qué las neuronas dejan de regenerarse? Pensamos que quizá había algo que conectaba todo y la circulación sanguínea era la respuesta más obvia», señala Michael por teléfono. Mientras el ejemplar viejo mostraba ciertas mejoras, el joven quedó rápidamente convertido en un decrépito anciano.

El retrato de Dorian Grey en versión roedor de laboratorio. Una conclusión estaba clara tras sus experimentos con la parabiosis: los beneficios de la sangre joven en el organismo no eran tan drásticos ni duraderos como los perjuicios de la sangre vieja. Su último estudio, publicado en Nature, afirma Irina, «descubre una lista de candidatos que son responsables de los efectos rejuvenecedores de la sangre joven y sugiere que ni ni el fraccionamiento sanguíneo ni las balas de plata lograrán mejorar la longevidad». Entramos de nuevo en el terreno de las leyendas, esta vez la de los hombres lobo, para explicar que, pese a lo que otros se empeñan en alimentar, no hay panacea posible. «No hay un único compuesto farmacológico capaz de tener un efecto anti-edad completo», sostiene Michael, «sino que hay varias señales del envejecimiento que deben ser reajustadas o recalibradas para lograr un rejuvenecimiento seguro y duradero. La mayoría de los enfoques hasta ahora han sido balas de plata; incluso nuestro trabajo sobre la oxitocina o la inhibición del TGF-beta se ha centrado en una única vía. Eso puede funcionar a corto plazo, pero los efectos secundarios, incompletos, o diferentes entre distintas personas, hacen que sea inviable a largo plazo».

La propuesta actual de los Conboy pasa por la medicina personalizada. «Lo que sabemos es que si cambiamos esos factores de la sangre vieja que inhiben la acción de las células madre, podemos mejorar la cicatrización de heridas, la regeneración de tejidos y, probablemente, la neurogenesis. Hay 10 señales importantes en la sangre que definen el envejecimiento y puede que a mí me afecten cinco o seis y a ti otras cuatro distintas. Habría que analizar la sangre y elaborar un cóctel personalizado en cada caso». Un multimillonario llamando a su chico de la sangre para hacerse una transfusión como quien se toma una bebida energética, como sugiere la serie de HBO Silicon Valley, puede tener su reflejo en la realidad, con el gurú de las start-ups Peter Thiel, fundador de PayPal, como máximo exponente de esa creencia en la capacidad rejuvenecedora de la sangre.

Así funciona el paraíso tecnológico al sur de la bahía de San Francisco: «Cogen una base científica, aunque no esté probada al cien por cien, la envuelven en hype (publicidad exagerada), pero no están buscando resolver el problema, sino hacer dinero. Es necesario hacer la investigación completa para tener fundamentos fuertes con los que desarrollar las técnicas», explican los Conboy casi al unísono, reclamando más financiación pública. «Necesitas cosas fáciles de entender para captar la atención de estos tipos de Silicon Valley. Entonces, recibes cientos de millones de dólares. Luego se descubre que no funciona y entonces es cuando nos llaman a nosotros y nos dicen: ‘¿hey, y ahora qué hacemos?’ Es como darle un cepillo y pasta de dientes a alguien que sólo sabe lavarse la boca con los dedos. ¿Porqué no se lo das a gente que sabe cómo utilizarlos desde el principio?».

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